Historias Inolvidables

Julio de la Fuente, el primer guardavidas

Lo llamaron El guardavidas a caballo. Llegó a Villa Gesell 1949.



El primer guardavida Geselino. El apoyo vecinal. De marino a la responsabilidad de cuidar la costa. La “vivienda” primera, las invitaciones, todo a salvavidas y recuerdos… Nota con Julio de la Fuente publicada originalmente en 1983, edición del 16 de junio del Semanario La Villa, que puede consultarse en el Museo de los Guardavidas, Pinar del Norte.  

Los últimos días de noviembre de 1949 me desembarqué en Mar del Plata; navegaba en la marina mercante y a los pocos días de estar en tierra, me conecte con José María Oltra, que era el jefe de guardavidas de la Provincia. Me tomó una prueba y rendí bien. Como todos los puestos de Mar del Plata estaban cubiertos, me mandaron a Villa Gesell. Llegué el 6 de diciembre de ese año, después de un viaje en el colectivo del “Turco Chalita”, que paraba en el almacén de Leni. Enseguida hice muchos amigos: Davobe  y Di Santo padres, Biondi, Orellana, un capataz de Gesell, el mismo Silvio, Juan Coppela. Gente de distinguida calidad humana, que se me brindó por completo.  José Piran me facilitó un salvavidas y entre todos me presentaron a Don Carlos, que al enterarse que iba a tener solo la responsabilidad de toda la playa, me dio un caballo para recorrerla. De allí lo del “primer guardavidas a caballo “.

 

¿Dónde hacías la guardia? ¿Tenías algún reparo, una casilla? 

Los focos de bañistas estaban localizados en el norte y en lo que ahora es centro. Yo estaba en la 105 y en las emergencias me valía del caballo para llegar a cualquier parte. Debo destacar que la gente cooperaba en todo lo posible. De no ser así hubiera sido quimérico. El salvavidas tenía una soga que se hundía, de por lo menos dos pulgadas. ¡Si te cuento donde vivía! En 105 y 1 Don Teodoro Lange , tenía unos terrenos. Allí instalé una carpa cuando salía de noche, el caballo hacía de sereno. En este tipo de trabajo se cobraba hasta dos meses de atraso. Entonces Silvio Leni y muchos otros vecinos, me hacían llegar canastas con víveres y siempre ligaba alguna invitación a un asadito. Mi “ayudante de guardavidas” comía hasta pan, era  una época hermosa. Estuve cuatro años solo y en 1955 enviaron de refuerzo a Alberto Firmani.

 

¿Cuál era la vida social que hacías?

Después de la guardia, iba a Pipach, que me era tan exclusivo. Otra sensibilidad era el Anahi pero era muy caro. Con el tiempo vino La Redonda, que quedaba por la 113. También había bailes en el “Pinar”, cuando lo tenía Opasky. Por esa época vinieron Helma Alberti y Richter, que daban cine en un galpón cedido por Silvio Leni en 105 y 3. Había que llevar silla, la salida era al aire libre y cuando se levantaba una sudestada, provocaba una espantada, donde más de uno se la olvidaba. En 106 y 3 acababan de demoler una edificación. Anterior a esa, existía un almacén que era de los Guerrero y que atendía Santurtun. En el 51 se hizo el hotel “Atlántico”  que era de don Carlos y la primera concesionaria fue Nury Montse, la actriz. Después lo compraron Guzman  y Parola y el administrador era DubersiLch. Muchas veces me quedaba charlando con José  Piran que tenía una casita que se llamaba “El otro lío” y que estaba pegada a “Los Geselinos” también la debo mucho a Don Juan y Doña Pilar Arenas. Heinz Schaffer fue el primer fotógrafo. Hacia el 56 vino el doctor Corti y me daba una mano barbará con los accidentados.

 

¿Cuándo  decidiste quedarte?

En 1956. Yo en los inviernos  me volvía a embarcar. Viajé por todo el mundo y ese año me quedé a cuidar “Bebelandia”, una casita que estaba en 308 y Playa, al lado de “El Refugio”.  En el 58 puse las primeras carpitas en la 105. Para después mudarme a mi actual balneario. Quiero que resaltes la hombría de bien de aquellos pioneros. Siempre dispuestos a ayudar. Con los que aún están en la Villa mantengo un cordialísimo trato. Un detalle que olvidé contarte es que después de “vivir” un tiempo en aquella carpa, el dueño del hotel “Normandie”, el señor Roux, me permitió quedarme en una piecita”.

 

¿Algún recuerdo en especial?    

Todo me pareció una etapa acorde a mi edad. Si volví es porque encontré gente de primera. Inclusive algún turista de ese entonces, todavía me viene a visitar. Aquello me llenó de satisfacciones y cada vez lo recuerdo con más cariño.

 

Aquello de “guardavidas a caballo” no empezó como una broma. Siempre fue un reconocimiento a su arriesgada tarea. Y somos testigos durante las temporadas, del afecto que supo recoger Julio. Por la mirada nostálgica pasan 34 años de recuerdos de un hombre que le dijo basta a los mares, para echar  raíces bajo la lona de una carpa, robarle victimas al mar y compartir su aventura con aquel caballito. De cuyo trote dependió muchas veces una vida. Julio de la Fuente tiene bien ganada su paz actual.

N. de la R. Al momento de la nota, habían pasado 34 años de la llegada de Julio a Villa Gesell, en 1949. Al año actual, suman 69…

 

(Fuente: Museo y Archivo Histórico Municipal)


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