Comenzó Pascuas en el Bosque
04 Abril 2026 | Villa Gesell
Historias Inolvidables
Lo llamaron El guardavidas a caballo. Llegó a Villa Gesell 1949.
El primer guardavida Geselino. El apoyo vecinal. De marino a
la responsabilidad de cuidar la costa. La “vivienda” primera, las invitaciones,
todo a salvavidas y recuerdos… Nota con Julio de la Fuente publicada
originalmente en 1983, edición del 16 de junio del Semanario La Villa, que
puede consultarse en el Museo de los Guardavidas, Pinar del Norte.
Los últimos días de noviembre de 1949 me desembarqué en Mar
del Plata; navegaba en la marina mercante y a los pocos días de estar en
tierra, me conecte con José María Oltra, que era el jefe de guardavidas de la
Provincia. Me tomó una prueba y rendí bien. Como todos los puestos de Mar del
Plata estaban cubiertos, me mandaron a Villa Gesell. Llegué el 6 de diciembre
de ese año, después de un viaje en el colectivo del “Turco Chalita”, que paraba
en el almacén de Leni. Enseguida hice muchos amigos: Davobe y Di Santo padres, Biondi, Orellana, un
capataz de Gesell, el mismo Silvio, Juan Coppela. Gente de distinguida calidad
humana, que se me brindó por completo.
José Piran me facilitó un salvavidas y entre todos me presentaron a Don
Carlos, que al enterarse que iba a tener solo la responsabilidad de toda la
playa, me dio un caballo para recorrerla. De allí lo del “primer guardavidas a
caballo “.
¿Dónde hacías la guardia? ¿Tenías algún reparo, una
casilla?
Los focos de bañistas estaban localizados en el norte y en
lo que ahora es centro. Yo estaba en la 105 y en las emergencias me valía del
caballo para llegar a cualquier parte. Debo destacar que la gente cooperaba en
todo lo posible. De no ser así hubiera sido quimérico. El salvavidas tenía una
soga que se hundía, de por lo menos dos pulgadas. ¡Si te cuento donde vivía! En
105 y 1 Don Teodoro Lange , tenía unos terrenos. Allí instalé una carpa cuando
salía de noche, el caballo hacía de sereno. En este tipo de trabajo se cobraba
hasta dos meses de atraso. Entonces Silvio Leni y muchos otros vecinos, me
hacían llegar canastas con víveres y siempre ligaba alguna invitación a un
asadito. Mi “ayudante de guardavidas” comía hasta pan, era una época hermosa. Estuve cuatro años solo y
en 1955 enviaron de refuerzo a Alberto Firmani.
¿Cuál era la vida social que hacías?
Después de la guardia, iba a Pipach, que me era tan exclusivo.
Otra sensibilidad era el Anahi pero era muy caro. Con el tiempo vino La Redonda,
que quedaba por la 113. También había bailes en el “Pinar”, cuando lo tenía
Opasky. Por esa época vinieron Helma Alberti y Richter, que daban cine en un
galpón cedido por Silvio Leni en 105 y 3. Había que llevar silla, la salida era
al aire libre y cuando se levantaba una sudestada, provocaba una espantada,
donde más de uno se la olvidaba. En 106 y 3 acababan de demoler una edificación.
Anterior a esa, existía un almacén que era de los Guerrero y que atendía
Santurtun. En el 51 se hizo el hotel “Atlántico” que era de don Carlos y la primera
concesionaria fue Nury Montse, la actriz. Después lo compraron Guzman y Parola y el administrador era DubersiLch.
Muchas veces me quedaba charlando con José
Piran que tenía una casita que se llamaba “El otro lío” y que estaba
pegada a “Los Geselinos” también la debo mucho a Don Juan y Doña Pilar Arenas.
Heinz Schaffer fue el primer fotógrafo. Hacia el 56 vino el doctor Corti y me
daba una mano barbará con los accidentados.
¿Cuándo decidiste
quedarte?
En 1956. Yo en los inviernos
me volvía a embarcar. Viajé por todo el mundo y ese año me quedé a
cuidar “Bebelandia”, una casita que estaba en 308 y Playa, al lado de “El
Refugio”. En el 58 puse las primeras
carpitas en la 105. Para después mudarme a mi actual balneario. Quiero que
resaltes la hombría de bien de aquellos pioneros. Siempre dispuestos a ayudar.
Con los que aún están en la Villa mantengo un cordialísimo trato. Un detalle
que olvidé contarte es que después de “vivir” un tiempo en aquella carpa, el
dueño del hotel “Normandie”, el señor Roux, me permitió quedarme en una
piecita”.
¿Algún recuerdo en especial?
Todo me pareció una etapa acorde a mi edad. Si volví es
porque encontré gente de primera. Inclusive algún turista de ese entonces,
todavía me viene a visitar. Aquello me llenó de satisfacciones y cada vez lo
recuerdo con más cariño.
Aquello de “guardavidas a caballo” no empezó como una broma.
Siempre fue un reconocimiento a su arriesgada tarea. Y somos testigos durante
las temporadas, del afecto que supo recoger Julio. Por la mirada nostálgica
pasan 34 años de recuerdos de un hombre que le dijo basta a los mares, para
echar raíces bajo la lona de una carpa,
robarle victimas al mar y compartir su aventura con aquel caballito. De cuyo
trote dependió muchas veces una vida. Julio de la Fuente tiene bien ganada su
paz actual.
N. de la R. Al momento de la nota, habían pasado 34 años de
la llegada de Julio a Villa Gesell, en 1949. Al año actual, suman 69…
(Fuente: Museo y Archivo Histórico Municipal)